Recuperación económica mundial: Ajuste fiscal prematuro pone en peligro una consolidación


El Informe sobre el comercio y el desarrollo advierte de las consecuencias del ajuste fiscal: la mejor estrategia para hacer frente a la deuda pública es promover el crecimiento 

Ginebra, suiza. – El Informe sobre el comercio y el desarrollo, 2011 de la UNCTAD advierte que el ajuste fiscal solo aborda los síntomas del problema dejando intactas las causas fundamentales. Los altos niveles de endeudamiento público son consecuencia de la crisis, no su causa. Una política fiscal de apoyo al crecimiento tiene más posibilidades de reducir el déficit fiscal y frenar la deuda pública que una política fiscal restrictiva, dice una síntesis del documento emitido por la órgano dependiente de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

En el Informe sobre el Comercio y el Desarrollo, 2011: Problemas de las políticas económicas en el mundo después de la crisis se argumenta que el paso del estímulo fiscal al ajuste fiscal es contraproducente, especialmente en las economías más desarrolladas que se vieron gravemente afectadas por la crisis financiera. En semejante situación, una política fiscal restrictiva puede reducir el crecimiento del PIB y los ingresos fiscales y, por consiguiente, perjudicar el saneamiento de las finanzas públicas.

El Informe muestra que los desequilibrios fiscales no fueron un factor desencadenante de la crisis sino más bien uno de sus resultados. Entre 2002 y 2007, los saldos fiscales habían mejorado de manera significativa en la mayoría de economías desarrolladas y en desarrollo, de resultas del crecimiento de la producción, la baja de los tipos de interés y, en algunos países, el auge de los precios de los productos básicos. La crisis provocó un deterioro significativo de las cuentas del sector público por efecto de los estabilizadores automáticos y los planes de estímulo fiscal aplicados. En varios países desarrollados, el rescate público de las instituciones financieras fue responsable de gran parte del déficit, ya que aquél supuso una conversión de la deuda privada en deuda pública.

El resultado fue que la relación media entre la deuda pública y el PIB en los países desarrollados casi se duplicó entre 2007 y el final de 2010, hasta superar el 60% del PIB. El crecimiento económico de los países en desarrollo, considerados en su conjunto, se vio menos afectado por la crisis financiera, en parte gracias a la adopción de políticas fiscales anticíclicas activas; de esta manera, los saldos fiscales mejoraron en 2010 y la relación entre deuda pública y PIB se mantuvo bajo control.

El principal argumento esgrimido en favor del ajuste fiscal es que resulta indispensable para restablecer la confianza de los mercados financieros, que se considera la clave de la recuperación económica. Pero en vista de la irresponsabilidad con que actuaron muchos agentes privados de los mercados financieros, que ha exigido una costosa intervención del Estado para evitar el derrumbe del sistema financiero, la opinión pública y las autoridades políticas no deberían volver a confiar en esas instituciones, incluidas las agencias de calificación crediticia, para determinar cuáles son las políticas macroeconómicas correctas y la buena gestión de las finanzas públicas.

La reducción del gasto público impulsor del crecimiento puede provocar un descenso de los ingresos públicos en el futuro que sea mayor que los ahorros logrados mediante el ajuste fiscal, con consecuencias negativas para la sostenibilidad a largo plazo de las finanzas públicas y de la deuda.

Los países que aplicaron medidas de ajuste fiscal en el marco de programas apoyados por el FMI durante los años noventa y en la década del 2000 no tuvieron en cuenta esos efectos dinámicos. En los países que esperaban que el ajuste fiscal redujera el déficit presupuestario y reactivara el crecimiento, ocurrió que los déficits se agravaron y el PIB se estancó. En la situación actual, es probable que las políticas de ajuste fiscal adoptadas por algunos países arrojen resultados negativos similares.

Hay una opinión generalizada de que ya se ha agotado el margen disponible para continuar los estímulos fiscales, especialmente en los países desarrollados. Pero el espacio fiscal no es una variable estática. Una política fiscal expansiva puede tener una fuerte repercusión en la demanda, aumentar los ingresos del sector privado y generar una mayor recaudación fiscal. Es posible ampliar el impacto económico de las políticas fiscales alterando la composición del gasto público o estructurando los ingresos públicos de tal manera que se maximicen sus efectos multiplicadores sin modificar necesariamente el gasto total ni el saldo fiscal.

El Informe muestra que la forma en que el sector público gasta y recauda impuestos no es neutral. Un aumento del gasto en infraestructuras, transferencias sociales o subsidios específicos para los inversores privados suele ser más eficaz para estimular la economía que las reducciones de impuestos, porque se traduce directamente en un incremento de la creación de empleo, el gasto y la demanda.

A menudo, los beneficios tributarios obtenidos por los grupos de elevados ingresos no vuelven a inyectarse en la economía. La historia enseña que, si se opta por el instrumento de la reducción de impuestos, las desgravaciones fiscales para los grupos de bajos ingresos resultan más eficaces para aumentar la demanda y el ingreso nacional que las concedidas a los grupos de ingresos más elevados. Los grupos de bajos ingresos se ven en la necesidad de gastar gran parte de sus ingresos en la economía local.

El problema para los países desarrollados muy endeudados es cómo superar la carga de la deuda adoptando políticas fiscales, monetarias y de ingresos que fomenten el crecimiento. El crecimiento del PIB, combinado con unos tipos de interés bajos, constituye la mejor estrategia para ir reduciendo los índices de deuda pública a lo largo del tiempo. Si esto no puede conseguirse a causa de alguna restricción externa o por simple insolvencia fiscal, debería darse prioridad a resolver los problemas de la balanza de pagos o reestructurar la deuda en vez de introducir medidas de austeridad. Además, los países en desarrollo deberían preservar y ampliar su espacio fiscal y seguir políticas anticíclicas a fin de protegerse de posibles crisis externas.

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