En un informe se propone la adopción de un sistema de flotación administrada basada en reglas para poner coto a la excesiva especulación cambiaria y se presentan medidas innovadoras para reestructurar los sistemas bancarios nacionales; también se propone una regulación más estricta de los mercados financieros, incluso para los derivados de productos básicos
Ginebra, Suiza. – La nueva tormenta financiera debería constituir una llamada de atención para la comunidad internacional y sus instituciones. Sigue siendo imperativo abordar los elementos inconclusos de la agenda de reforma financiera mundial más vigorosamente de lo que se ha hecho hasta ahora. El Informe sobre el Comercio y el Desarrollo 2011 (TDR 2011) presenta propuestas de medidas innovadoras destinadas a poner coto a la especulación financiera para prevenir los perjuicios a la economía real. También propone medidas para favorecer un entorno macroeconómico más estable y las inversiones en capacidad productiva real, según la síntesis noticiosa divulgada por la UNCTAD.
En el TDR 2011, subtitulado en inglés Post-Crisis Challenges in the World Economy, se realiza un examen de los mercados cambiarios, financieros y de productos básicos y se sostiene que la especulación y el comportamiento gregario en los mercados financieros desestabilizan los precios y los llevan mucho más allá de límites sostenibles, y han generado la mayoría de los riesgos sistémicos que han conducido a su derrumbe en las crisis financieras.
Necesidad de reformar el sistema monetario internacional
En el Informe se aborda el problema planteado por un sistema monetario internacional en el que los tipos de cambio se han vuelto excesivamente volátiles y de hecho trastornan el funcionamiento de la economía real.
En el TDR 2011 se presenta la razón de ser y se reseña el funcionamiento de un sistema cambiario de flotación administrada basada en reglas en el contexto de las recientes experiencias con los desequilibrios mundiales por cuenta corriente que contribuyeron a generar la crisis financiera y, después de esta, a aumentar las corrientes financieras basadas en los diferenciales de tasas de interés (acarreo o carry trade) a las economías emergentes. Como señaló el Secretario General de la UNCTAD, Supachai Panitchpakdi, en el Panorama general del TDR 2011, «Incluso después del colapso del sistema de Bretton Woods y de la adopción generalizada de tipos de cambio variables en 1973, las autoridades económicas internacionales han asumido con frecuencia que el sistema internacional debe tratar de resolver las crisis reales, y no las crisis monetarias. Sin embargo, tras varios decenios de experiencia, ha quedado claro que las crisis monetarias, sobre todo en un sistema de tipos de cambio flexibles, son mucho más importantes y dañinas».
A fin de impedir esas crisis monetarias, en el TDR 2011 se examinan dos métodos para la elaboración de un régimen cambiario de flotación administrada basada en reglas. Ese sistema podría basarse en el ajuste de los tipos de cambio nominales a diferenciales de inflación o a diferenciales de tipos de interés. El primer principio atiende más directamente la necesidad de evitar desequilibrios en las corrientes comerciales, mientras que el segundo guarda una relación más directa con la limitación de la especulación financiera del tipo del acarreo que suele generar desajuste cambiario. Sin embargo, ambos métodos tienden a producir resultados similares.
Un sistema de ese tipo permitiría lograr una estabilidad suficiente del tipo de cambio real para mejorar el comercio internacional y facilitar la toma de decisiones sobre las inversiones en capital fijo en el sector de los productos comerciables; además, sería lo suficientemente flexible para dar cabida a las diferencias en la evolución de los tipos de interés de cada país.
La flotación administrada basada en reglas puede practicarse como estrategia cambiaria unilateral o, en un ámbito mucho más amplio de intervención simétrica en los mercados cambiarios, mediante acuerdos bilaterales o regionales. Sin embargo, lo más beneficioso para la estabilidad financiera internacional sería la aplicación multilateral de las reglas de la flotación administrada en el marco de una gobernanza financiera mundial.
Financiarización de los mercados de productos básicos
El Informe, que amplía el estudio titulado Price Formation in Financialized Commodity Markets: The Role of Information (Formación de los precios en los mercados de productos básicos financiarizados: la importancia de la información), que la UNCTAD publicó el 5 de junio de 2011, muestra que la financiarización de los mercados de productos básicos ha fomentado el comportamiento gregario y afecta significativamente los precios de productos básicos como los alimentos o la energía porque los participantes en los mercados de productos básicos se guían cada vez más por las decisiones de los mercados financieros. La incertidumbre resultante de las deficiencias en la información y la transparencia, combinada con la influencia de los movimientos de los mercados de acciones en los precios de los productos básicos, es un elemento decisivo de este «gregarismo intencionado». Las políticas monetarias expansionistas pueden haber acentuado las correlaciones entre los movimientos de los mercados de acciones, cambiarios y de productos básicos, pero esas correlaciones ya habían aumentado considerablemente cuando los inversores financieros iniciaron inversiones en gran escala en los productos básicos hace unos diez años.
La UNCTAD propone una serie de medidas para mejorar el funcionamiento de los mercados de productos básicos, aumentar la transparencia en los mercados físicos y de derivados, y establecer una regulación más estricta e internacionalmente coordinada de las actividades de los inversores financieros, por ejemplo imponiendo límites a sus posiciones o un gravamen a las transacciones. Los autores del informe también dicen que las autoridades de supervisión de los mercados podrían recibir el mandato de intervenir directamente y de manera ocasional en las transacciones cambiarias comprando o vendiendo contratos de derivados para evitar los derrumbes de precios o desinflar las burbujas de precios. Una intervención de ese tipo podría considerarse como una medida de último recurso para hacer frente a la aparición de burbujas especulativas si no se hubieran introducido reformas para aumentar la transparencia de los mercados o imponer una regulación más estricta de estos, o las reformas introducidas hubieran resultado ineficaces.
Nueva regulación y reestructuración del sistema financiero
Por último, el Informe argumenta que la desregulación del sistema financiero ha sido uno de los principales factores de la crisis financiera y económica mundial de 2008. Favoreció la emergencia de un gran sistema bancario paralelo desregulado y subcapitalizado, mientras que la financiación de la banca tradicional empezó a depender menos de los depósitos y más de los mercados de capital y se destina cada vez menos a las operaciones de préstamo y más a operaciones financieras de compraventa. La pérdida de diversidad del sistema financiero y la uniformidad del comportamiento de los agentes alimentó una especulación desestabilizadora, acentuó las tendencias procíclicas y con el tiempo generó crisis sistémicas. Volver a regular el sistema financiero es necesario para impedir la repetición de esas crisis. Sin embargo, los intentos realizados hasta ahora han sido lentos e insuficientes para abarcar el sistema bancario paralelo y hacer frente a un sector financiero sumamente concentrado y que está dominado por un número reducido de instituciones muy grandes.
La regulación debe ser más estricta con las instituciones «demasiado grandes para quebrar» e incorporar una dimensión macroprudencial, que incluya requisitos sobre el capital anticíclico y el recurso a controles de capital para hacer frente a las corrientes de capital volátil. Sin embargo, incluso si el sector financiero estuviera mejor regulado, no impulsaría automáticamente el crecimiento y el empleo ni haría accesible el crédito a las pequeñas y medianas empresas o a la población en general. Además de una mejor regulación, el sector financiero debe ser reestructurado para reducir el riesgo de crisis sistémicas y aumentar su utilidad económica y social. La reestructuración financiera debería apuntar a sistemas financieros nacionales más diversificados, con un papel más importante de las instituciones públicas y cooperativas, una reducción del tamaño de las instituciones muy grandes y una clara separación entre las actividades de la banca de inversión y de comercio.
En el Informe se advierte que algunos acuerdos internacionales, como el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS), varios acuerdos comerciales bilaterales y tratados bilaterales de inversión incluyen disposiciones relacionadas con los pagos, las transferencias y los servicios financieros que pueden limitar no solo la aplicación de los controles de capitales, sino también otras medidas destinadas a regular nuevamente o reestructurar los sistemas financieros. Esas medidas podrían considerarse como un quebrantamiento de los compromisos anteriores para la liberalización financiera.


Deja un comentario