Investigación de la política militar rusa en Latinoamérica


La Federación Rusa considera a Latinoamérica una de las regiones del mundo donde predomina su influencia. A pesar de su impacto relativamente bajo en su despliegue de personal y material bélico, Rusia ha logrado mantener y fortalecer su relación de seguridad militar en tres Estados claves: Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Moscú sigue intentando extender su influencia más allá de estos Estados, con su participación en iniciativas políticas, económicas o militares, en una creciente lista de naciones latinoamericanas. No obstante, al aparato de seguridad ruso le preocupa la pérdida de influencia de Moscú, debido a sus inversiones en Venezuela y el rol de los socios de los EE. UU. ante un posible conflicto.

Para entender la visión de Rusia sobre su intervención en la región, puede ser de utilidad leer las declaraciones oficiales del Ministerio de Asuntos Exteriores o del Ministerio de Defensa de Rusia, a través de sus páginas web. Estas declaraciones oscilan entre críticas a Colombia por su alineación con los EE. UU. en contra de Caracas, hasta pedidos de ampliación de diálogo con la Bolivia posterior a Morales, y comentarios alentadores y esperanzadores sobre Brasil como miembro de la gran iniciativa global BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).

Más allá de estas obvias fuentes, están los medios que suelen publicar las opiniones de funcionarios civiles y militares rusos en distintos cargos.

Debido a la atención que está prestando el aparato de seguridad ruso a la crisis actual en Venezuela y a las medidas que toman sus vecinos, los artículos de opinión pública y las opiniones de miembros del personal militar y gubernamental en servicio y retirado rusos son una ventana que, en ocasiones, muestra los opacos debates de política exterior en Rusia. Estas discusiones incluyen preguntas sobre su postura militar, el orden de batalla regional y una visión geopolítica más amplia de los intereses del Kremlin en Latinoamérica.

Existen varias publicaciones de fuentes públicas, donde militares, académicos e investigadores séniores rusos realizan reportajes sobre temas de defensa, seguridad y política. Las publicaciones Mensajero Militar-Industrial (VPK en ruso) y Boletín Militar Independiente (NVO en ruso) son de interés particular. Por ejemplo, el VPK  publica notas de opinión y artículos escritos por el ministro de Defensa ruso Sergey Shoigu y el General Valery Gerasimov, jefe del Estado Mayor General.

Estas publicaciones van dirigidas a las reducidas audiencias tanto nacionales como  internacionales, que están interesadas en asuntos militares y de seguridad de Rusia. También publican aquí estudiantes de academias militares e instituciones rusas, generalmente con el grado de coronel o teniente coronel, en servicio o retirados.  Una vez publicados, estos artículos despiertan la siguiente interrogante: ¿Hasta qué punto este contenido no refleja una política oficial del Ministerio de Defensa de Rusia o del Ministerio de Asuntos Exteriores, en lugar del punto de vista del autor?

En lo que respecta a Latinoamérica los idiomas de los artículos varían, lo que ofrece la oportunidad de discernir si los contenidos reflejan el pensamiento y el debate militar actual. En agosto de 2019, NVO publicó un artículo con las opiniones de cuatro oficiales séniores rusos en servicio y retirados, sobre el uso de Latinoamérica como contramedida para que los EE. UU. abandonen el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio. Mediante este tratado, firmado en 1987, se eliminaron miles de misiles estadounidenses y soviéticos, nucleares y convencionales, balísticos y de crucero, para ser lanzados desde tierra. En el artículo, un analista militar ruso sugirió que, en caso de que se cancelen los tratados de desarme nuclear, Moscú debe aumentar su presencia cerca de las fronteras de los Estados Unidos y desplegar aviación estratégica en una de las islas venezolanas del mar Caribe.

Otro analista, un funcionario sénior del Gobierno ruso, sugirió que Moscú debía negociar con Venezuela la ubicación de misiles, en referencia a la crisis del Caribe en Cuba en 1962, que les “permitió a los estadounidenses calmarse por un largo tiempo. Si se instalara un sistema [de misiles] en Venezuela, los EE. UU. reaccionarían con más cautela”. Otro analista militar dijo que la presencia naval permanente de Rusia frente a las costas de los EE. UU. enviaría un fuerte mensaje, mientras que su homólogo militar de mayor rango sugirió que una respuesta a la medida de los EE. UU. debía incluir la instalación de misiles rusos Kalibr en territorio de sus países socios en Latinoamérica y con efectivos de Rusia. Los Kalibr son un tipo de misiles de crucero aéreos y de superficie  lanzados desde submarinos, con un rango de hasta 2400 kilómetros. La Armada de Rusia ya comenzó a emplear los misiles Kalibr en toda su flota de superficie y submarina.

Estas no son declaraciones oficiales del Ministerio de Defensa de Rusia ni del Ministerio de Asuntos Exteriores. Al mismo tiempo, las propuestas en el artículo apuntaban no solo a los EE. UU., sino que, potencialmente, enviaron un fuerte mensaje a Colombia y a Brasil, dos naciones con fuerzas militares importantes, cuyos gobiernos han tomado una postura antimadurista. No habría defensa para Colombia y  Brasil contra los misiles rusos de largo alcance instalados en Venezuela, a menos que inicie una costosa carrera armamentista.

Tal sucesión de eventos podría ser contraproducente para la reciente campaña oficial rusa, que busca tentar a Brasil y a Colombia con propuestas económicas mediante comunicación entre militares. Sin embargo, la misma Rusia anunció en febrero de 2020 que incrementará la cooperación militar-industrial con Caracas, a pesar del riesgo de desatar un posible conflicto regional.

Armas rusas

Cuando expertos civiles rusos de élite expresen sus opiniones en publicaciones militares, es probable que el enfoque ofrezca puntos de vista similares a los de los oficiales militares mencionados anteriormente en otros análisis publicados en VPK.  Este portal publicó un artículo en  abril de 2019, en el cual Aleksandr Hramchihin, vicedirector del Instituto de Análisis Militar y Político de Rusia , habló sobre potenciales operaciones de combate entre Venezuela y sus vecinos pro estadounidenses: Brasil, Colombia y Ecuador. Hramchihin es uno de los expertos en seguridad más reconocidos de Rusia, y cuenta con amplia trayectoria de investigación sobre la conducción de guerra de Rusia.

Según Hramchihin, el Ejército venezolano es indudablemente el más fuerte de Sudamérica, debido a las masivas compras de armas que hicieron a Rusia. Las Fuerzas Armadas de Ecuador son “pequeñas y algo arcaicas” y el Ejército de Colombia “a pesar de su gran cantidad de personal, no está preparado para una ‘guerra clásica’ [convencional]”. La crítica de Hramchihin hacia las Fuerzas Armadas de Colombia, dada su estrecha colaboración con las iniciativas del Departamento de Defensa de los EE. UU., incluye la falta de tanques de guerra pesados y ligeros: una versión exclusivamente rusa de la fortaleza militar del país, en virtud del propio historial de Moscú, tan extenso en materia de guerra con tanques.

Hramchihin sí reconoce el entorno singular de Latinoamérica: “Por supuesto, la mayor parte de la frontera colombiana con Venezuela y Ecuador es selvática: los tanques no sirven allí. Pero en zonas costeras, en donde vive la mayoría de la gente de los [tres] países, es muy probable que se emplee equipamiento pesado como tanques”. Hramchihin manifiesta que las Fuerzas Armadas Brasileñas son más importantes que las venezolanas, “aunque mucho más arcaicas: tienen cientos de tanques pero todos son ‘chatarra’ europea y estadounidense”.

En su artículo, la opinión de Hramchihin sobre las fuerzas armadas de Colombia, Ecuador y Brasil, es por lo general despectiva, sobre todo porque considera que su equipamiento militar es obsoleto en comparación con el de Venezuela. Por ejemplo, menciona que mientras la Fuerza Aérea Brasileña tiene más aviones de combate, “[los aviones] son mucho más viejos y no hay forma de que rompan la defensa aérea de Venezuela”. Menciona que la Venezuela que apoya a Rusia está amenazada desde el sur, debido a que el nuevo Gobierno brasileño se ha convertido en un activo opositor del régimen de Maduro.

En el ámbito marítimo, la superioridad brasileña “parece ser abrumadora, pero es apenas significativa”. Señala que “la Fuerza Aérea y los recursos aeronavales de los EE. UU. destruirán al Ejército venezolano desde el aire, y que colombianos y brasileños tendrán asignado el rol de tropas de asalto terrestres”. Según esta versión de combate convencional, Caracas no duraría mucho tiempo, “aunque la guerra de guerrillas en la selva podría extenderse por muchos años”.

El hecho de que Hramchihin no aprecie adecuadamente la capacidad de las fuerzas militares de Brasil, Colombia y Ecuador, podría reflejar una visión más amplia del aparato de seguridad ruso, que considera sumamente decisiva la posible participación estadounidense en el combate regional, independientemente de la fortaleza real de las fuerzas armadas regionales.

Pero además podría ignorar los grandes progresos que las fuerzas armadas de Colombia y Brasil han realizado en materia de profesionalización en las últimas décadas, con entrenamientos y dotación de equipamiento.

A pesar de la falta de algunas armas que algunos analistas en Rusia podrían considerar decisiva (como los tanques), las Fuerzas Armadas venezolanas también están luchando contra los continuos sentimientos antigubernamentales en el país. Por otra parte, las fuerzas militares de Colombia y Brasil tienen buenas relaciones con sus ciudadanos y gobiernos, circunstancia que podría resultar determinante en caso de desatarse un conflicto.

Visitas estratégicas de bombarderos y embarcaciones navales

¿Qué hacer con estas declaraciones? Por un lado, es probable que estas publicaciones hayan reflejado opiniones arraigadas sobre las capacidades militares de socios de los EE. UU. en la región. Por otra parte, ¿acaso estas declaraciones de personal militar en servicio activo tienen el objetivo de transmitir la política oficial rusa en Latinoamérica? Ya hubo evidentes medidas rusas en la región, como las visitas estratégicas de bombarderos y embarcaciones navales. A esta altura, el impacto ruso en sus países amigos como Cuba, Venezuela  y Nicaragua, es todavía relativamente bajo y se limita a seleccionar personal. Un artículo de opinión editorial en una publicación respetable podría ser solo eso, o bien podría ser un mensaje público real, dirigido a una audiencia más amplia en la región.

¿Pero por qué Rusia debería involucrarse en la región latinoamericana en primer lugar? Aunque es probable que los Estados que apoyan a Rusia no tengan oportunidades de éxito ante un enfrentamiento real de combate contra los EE. UU. y sus socios, es fundamental  mantener vínculos con los socios claves de Moscú, para evitar un “efecto dominó” de pérdidas geopolíticas en Latinoamérica y en otros lugares. En un artículo publicado en VPK en noviembre de 2019, un especialista en política exterior rusa reflejó tal vez una opinión relativamente generalizada en el aparato de seguridad y política exterior de Rusia.

El autor se preguntó qué pasaría después de que el boliviano Evo Morales se exiliara, y qué país sería “el próximo en sufrir un golpe [post-boliviano, instigado por los EE. UU.]”. Según el autor, Washington podría atacar a Venezuela, en donde el pueblo con la ayuda de los militares, y siguiendo el ejemplo de Bolivia, derrocaría a Nicolás Maduro. El siguiente país sería Nicaragua, luego Cuba, que ya no contaría con el petróleo venezolano.

El autor repite un punto de vista ahora generalizado en Rusia: que la “tecnología golpista” (mejor conocida como el concepto de las revoluciones de colores) que emplearon los EE. UU. y Bolivia, también puede aplicarse en Rusia.

El autor dice que el principal problema en Bolivia y Venezuela no es el de las “revoluciones de colores”.  “Es un [verdadero] golpe de Estado, organizado en acuerdo con grupos de élite.

Hoy no hay antídoto para eso”. Su mensaje podría también estar potencialmente dirigido a otras naciones de Latinoamérica que no estén abiertamente alineadas con Moscú, insinuando que podría haber un cambio político si los países terminan alejándose de las políticas de Washington.

Este tipo de artículos en publicaciones rusas respetables podrían mostrar un punto de vista más amplio, o bien el pensamiento singular de un único individuo. No obstante, el aparato de defensa y seguridad de Rusia sigue debatiendo su rol en la región latinoamericana, en la medida que aumenta su participación en Venezuela y en otros lugares.

Aunque las opiniones expresadas en revistas militares rusas pueden considerarse al margen del pensamiento dominante, otras voces podrían reflejar la opinión de los verdaderos tomadores de decisiones, dirigidas a las naciones de toda Latinoamérica, que tienen un papel regional importante en materia militar y de seguridad. Estos debates merecen atención, dada la rápida evolución de la situación con respecto a la presencia rusa en la región.

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