Oipol & Oijust Unidad OSINT Global Operación, cooperación, traducción y edición, actualización mayo 15 de 2026 | Centro de Investigación Sobre Inteligencia y Terrorismo Meir Amit, informe, documento y fotos, mayo 04 de 2026.- Los drones de visión rápida en primera persona (FPV), basados en fibra óptica, que permiten realizar ataques precisos a distancias de decenas de kilómetros, superando las capacidades de guerra electrónica, se han convertido en un arma barata y accesible en el campo de batalla en los últimos años, como se vió en la guerra de Ucrania.

Hezbolá comenzó a utilizar drones FPV de forma limitada durante la guerra anterior contra Israel (del 08 de octubre de 2023 al 27 de noviembre de 2024). En la guerra actual, que comenzó el 02 de marzo de 2026, Hezbolá incrementó el uso de drones explosivos y, desde el inicio del alto el fuego, ha centrado sus ataques en las fuerzas de las FDI en el sur del Líbano.
Según informes, Hezbolá opera talleres en el sur del Líbano y el valle de la Bekaa para ensamblar los drones, cuyo costo es de tan sólo unos cientos de dólares. También se afirmó que el año pasado el ejército libanés incautó un cargamento de 5.000 drones que habían sido introducidos de contrabando en el Líbano, pero que decenas de otros cargamentos han llegado a la organización.
Los drones FPV (vista en primera persona) son relativamente pequeños y se controlan en tiempo real mediante una cámara montada que transmite una imagen directa al operador. En los últimos años, se han convertido en un arma de ataque barata, como así también accesible, ya que es posible acoplarles una carga útil de varios kilogramos y dirigirlos con gran precisión hacia los objetivos. El tipo más común en uso, en el campo de batalla, son los drones guiados por fibra óptica, que se conectan al operador mediante un cable delgado que puede alcanzar un distancia de decenas de kilómetros y que evita las interferencias de los sistemas de guerra electrónica.
La guerra entre Ucrania y Rusia convirtió a los drones FPV en una importante herramienta de combate, utilizada por ambos bandos para atacar vehículos blindados, posiciones de infantería y concentraciones de soldados, para ejercer presión psicológica sobre los combatientes, quienes tienen dificultades para identificar la amenaza hasta el momento del impacto. Un informe del Instituto Francés de Relaciones Internacionales reveló que el 80% de las bajas en la guerra de 2025 fueron consecuencia de ataques con vehículos aéreos no tripulados, principalmente drones baratos, lo que se conoce como un «nuevo patrón de guerra» (informe 26 de marzo de 2024 y 24 de febrero de 2026).
Uso de drones FPV por parte de Hezbolá
Hezbolá comenzó a utilizar drones FPV en la guerra que se inició el 08 de octubre de 2023, en el llamado «frente de apoyo a la Franja de Gaza». El 05 de diciembre de 2023, Hezbolá reivindicó la autoría del ataque con un dron suicida FPV, contra un puesto de las FDI en la zona de Metula.
Se llevaron a cabo ataques adicionales, dirigidos principalmente contra equipos técnicos, cámaras de vigilancia y sistemas antidrones en puestos de las FDI a lo largo de la frontera. La mayoría de ellos comenzaron el 25 de agosto de 2024, tras la eliminación del jefe de Estado Mayor de Hezbolá, Fuad Shukr.
En la guerra actual, que comenzó el 02 de marzo de 2026, los drones FPV se utilizaron como uno de los principales medios de ataque de Hezbolá. La primera reivindicación de responsabilidad fue un ataque contra las fuerzas de las FDI cerca de la ciudad de Maroun al-Ras, en el sur del Líbano, el 22 de marzo y desde entonces Hezbolá se ha atribuido la responsabilidad de más de 70 ataques con drones suicidas explosivos. Desde el inicio del alto el fuego entre el 16 y el 17 de abril, los drones fueron el principal método de ataque contra las fuerzas de las FDI estacionadas en el sur del Líbano, cuando 34 de las 61 reivindicaciones de Hezbolá incluyeron ataques con drones explosivos (información de combate de Hezbolá, 02 de marzo, por Telegram).
02 de mayo de 2026). Dos soldados de las FDI y un civil israelí que trabajaba para las FDI en el sur del Líbano murieron en ataques con drones explosivos (informe Portavoz de las FDI, del 20 de abril al 02 de mayo de 2026).
Según informes, Hezbolá opera talleres en el sur del Líbano y en el valle de la Bekaa, donde se ensamblan drones con componentes comerciales que cuestan entre 300 y 400 dólares. Hezbolá también se basa en la experiencia adquirida con el uso de drones durante la guerra civil siria, aprendiendo de los métodos operativos de los ejércitos ruso y ucraniano, utilizando conocimientos, como además tecnologías de Irán (informes del 20 al 30 de abril de 2026).
Según fuentes, en los últimos meses Hezbolá había acumulado un gran arsenal de drones FPV rápidos y precisos, mientras que se introducían grandes cantidades de contrabando en Líbano a través de la frontera. De acuerdo con el informe, en junio de 2025, las fuerzas de seguridad libanesas confiscaron un cargamento de 5.000 drones capaces de volar 50 kilómetros y transportar siete kilogramos de explosivos, pero decenas de otros cargamentos llegaron a manos de Hezbolá. Las fuentes añadieron que Hezbolá había desarrollado drones basados en fibra óptica y contaba con diferentes tipos de drones capaces de atacar vehículos pesados y fuerzas de infantería. Los expertos señalaron que las capacidades de Hezbolá le permitían atacar territorio israelí a una profundidad de 15 kilómetros (informe 29 de abril de 2026).
Una información captada por inteligencia indicó, por otro lado que, Hezbolá señaló que, si bien los misiles antitanque Kornet fueron el símbolo militar de la guerra de 2006, cuando «destrozaron el mito» del tanque Merkava, los drones FPV basados en fibra óptica representaban la actual «sorpresa estratégica destacada». Ese relatorio, del Centro de Investigación y Desarrollo Al-Ittihad, que opera desde Dahiyeh al-Janoubia en Beirut, afirmó que los drones, mediante tecnología civil disponible y adaptaciones operativas, habían debilitado la percepción de la superioridad aérea israelí a baja altitud, creando una nueva amenaza en el campo de batalla. Hezbolá había adoptado el uso sistemático y estructurado de drones, una doctrina de combate que los dirige contra tanques, vehículos blindados de transporte de personal, fuerzas de ingeniería, infantería y equipos de inteligencia israelíes. El concepto central era el del «piloto solitario», la transición de capacidades concentradas a un modelo descentralizado en el que un solo operador podía tener un efecto operativo significativo. El dron se presentaba como la herramienta que permitía a un combatiente solitario, con un entrenamiento relativamente limitado, atacar objetivos costosos y protegidos, creando una brecha económica y operativa entre el costo de los medios y el daño causado. El comunicado concluía que los drones suicidas «demuestran que la última palabra en el frente moderno ya no se escribe sólo con el rugido de los cazas [F-35] que vuelan a gran altura, sino con el zumbido de pequeños drones que cargan silenciosamente, sin ser vistos ni oídos y atacan puntos débiles letales» ( relato del 27 de abril de 2026). Un plataforma de Hezbolá, afirmaba que los drones FPV guiados por fibra óptica no sólo eludían los sistemas de defensa, sino que redefinían las reglas de enfrentamiento. La combinación de radar, sigilo térmico y electrónico, y la capacidad de operar a bajas altitudes con baja firma representaron un desafío estructural para los sistemas de defensa tradicionales, no sólo táctico. La mejora en los alcances operativos y el peso de la carga útil permitió ampliar su uso, pasando del impacto puntual a los ataques contra sistemas críticos, incluyendo la infraestructura de mando y control, desplazando el centro de gravedad de la destrucción de medios al daño al sistema nervioso de la fuerza. Además, el uso de drones reflejó una combinación de tecnología avanzada y guerra de guerrillas, a la vez que se basaba en el aprendizaje, en distintos teatros de operaciones (China, Ucrania y Líbano), e ilustró una transición hacia una guerra descentralizada y flexible con potencial de desgaste acumulativo. Esto reforzó la percepción de que el dron no era sólo otra arma, sino que modificaba el equilibrio entre costo, beneficio y los límites de la libertad operativa del adversario (relatorio 29 de abril de 2026).
Según una plataforma captada por el Centro de Investigación Sobre Inteligencia y Terrorismo Meir Ami, perteneciente al «eje de la resistencia», los drones se convirtieron en un factor que transformó la naturaleza de la guerra y definió sus reglas. Los drones FPV no estaban destinados únicamente a un uso táctico limitado, sino que se convirtieron en una herramienta operativa precisa, creando una nueva ecuación en el campo de batalla basada en ataques precisos, bajo costo, rapidez de ejecución en un entorno complejo y propenso al desgaste, lo que dificultó que las FDI establecieran posiciones fijas en el terreno. Según el informe, el uso de drones permitió a la resistencia responder de forma directa y rápida; por ejemplo, el ataque a una excavadora israelí que realizaba trabajos de demolición en una aldea del sur del Líbano, en el que murió el conductor. Con la entrada de los drones en el campo de batalla, la profundidad geográfica dejó de ser el factor decisivo y así el sur del Líbano se convirtió en «un espacio donde se imponen nuevas reglas de guerra que limitan el movimiento del ejército israelí y reducen su capacidad de penetración y ataque» (nota 28 de abril de 2026).
Un canal al-Mayadeen, afiliado a Hezbolá y al «eje de la resistencia», afirmó que los drones explosivos guiados por fibra óptica cambiaron el panorama bélico en el sur del Líbano, suponiendo un desafío significativo para las capacidades de interferencia y defensa israelíes.
Fuentes captadas por inteligencia señalaron que la tecnología no sólo mejoró la capacidad operativa, sino que también tuvo un importante efecto propagandístico, contribuyendo así a configurar una nueva ecuación de combate que limitaba la libertad de acción de las fuerzas de las FDI en el terreno (30 de abril de 2026).
Hezbolá y sus medios de comunicación afiliados utilizaron los ataques con drones para la guerra psicológica. Los vídeos de los ataques se mostraron en canales de Hezbolá, y fueron secundados por canales de los simpatizantes de la organización, promoviendo discursos de «armas baratas contra objetivos caros» y «ningún lugar seguro» (canal de Telegram de información de combate de Hezbolá y canales de Telegram del «eje de la resistencia», abril de 2026).
Canales de Hezbolá y del «eje de la resistencia» citaron declaraciones de medios israelíes sobre la amenaza que representan los drones para las fuerzas de las FDI en el sur del Líbano. Según relato, «Los informes del Canal 15 hebreo sobre el lanzamiento de decenas de drones suicidas por semana, durante las maniobras terrestres, indican un cambio en el equilibrio de poder, lo que indujo a error al estamento militar israelí y lo obligó a admitir una demora en comprender el alcance y la naturaleza de esta amenaza» (29 de abril de 2026).
Según una publicación rastreada, en un canal de Telegram, vinculado a Hezbolá, los medios israelíes señalaron que Hezbolá «había impuesto una ecuación compleja en el campo de batalla», basada en tácticas diseñadas para obligar a las fuerzas de las FDI a atrincherarse en el sur del Líbano. El relato añadía que los informes en Israel trataban sobre «fallos» en el manejo de drones con fibra óptica que causaron bajas entre las fuerzas armadas (canal de Telegram de campo de Hezbolá, 30 de abril de 2026).
Según un nota retirada por Centro de Investigación Sobre Inteligencia y Terrorismo, los drones habían generado un importante efecto psicológico: «una sensación de amenaza constante, un daño a la sensación de seguridad de los soldados y de la población civil, la erosión de la resiliencia civil» 29 de abril de 2026).
Fuentes libanesas afirmaron que el creciente número de ataques con drones había creado un «eco público y profesional» en Israel, que recordaba el impacto de los misiles antitanque en la Segunda Guerra del Líbano en 2006, elevado el costo de las operaciones terrestres y la dificultad de mantener una presencia prolongada en un espacio amenazado (relatorio 30 de abril de 2026).


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