Décadas de impunidad en Argentina


  • La Administración de Justicia de Argentina aún no logró aplicar el Derecho, consumida por la incompetencia o la corrupción
  • Se cumplen veintisiete años del atentado terrorista contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) 
  • El 18 de julio de 1994 a las 9.53 se escuchó una fuerte explosión, seguida por un gigantesco hongo de humo y polvo, destruyó 85 vidas, 85 historias, 85 familias.

Oipol Operativa en Argentina / Información Periodística y foto de la Agencia Judía Argentina (AJN) / vídeo del Canal Público de Argentina /  Edición Oipol – El domingo 18 de julio, en medio de la pandemia del coronavirus, se cumplirán 27 años de dolorosa impunidad para las 85 víctimas del atentado a la AMIA, sus familias, los centenares de heridos, la comunidad judía y la sociedad argentina en general.

Este año, el Acto Central de conmemoración se realizará dos días antes de la fecha en que fue cometida la masacre, con el propósito de dar más posibilidad de adhesión y participación a la sociedad en la recordación central. Será de manera virtual, el viernes 16 de julio, a las 9:53, hora exacta en que un coche bomba explotó contra la sede de Pasteur 633.

Organizado en conjunto por AMIA, DAIA y Familiares de las Víctimas, el acto podrá ser seguido desde YouTube y desde Facebook a través de las cuentas de AMIAonline.

El 18 de julio de 1994 a las 9.53 se escuchó una fuerte explosión, seguida por un gigantesco hongo de humo y polvo, destruyó 85 vidas, 85 historias, 85 familias.

En cuestión de segundos arrasó con la sede de la organización judía más emblemática de la Argentina y todo lo que estaba a su alrededor.

Pánico. Ambulancias. Gente corriendo. Vidrios rotos cayendo de las ventanas de los edificios, cubriendo toda la calle. Gritos que surgían de la multitud mezclaban historias milagrosas y trágicas casualidades del destino.

Muerte por decenas. Personas gravemente heridas trasladadas a centros asistenciales. Espontáneamente cientos de voluntarios se hicieron presentes para ayudar, para contener, para compartir el llanto.

La comunidad debía reorganizarse. El edificio de la calle Ayacucho 632 comenzó a funcionar como centro de reunión e información sobre las víctimas del atentado y sede de AMIA. En poco tiempo las funciones esenciales se reanudaron, en especial las relacionadas con el servicio social.

La comunidad, en medio de tanto dolor, respondía.

Hubo 85 víctimas fatales. Más de 300 heridos. Un edificio con la historia judía de la Argentina destruido. Una herida abierta que hasta el día de hoy no cierra.

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